La mujer sentada
La mujer sentada Cuyos elementos favorecen los esponsales
El navío prosigue su viaje fecundador
Los vientos hinchan las velas gimen
Y gritan la voluptuosidad de los gigantes que se aman mutuamente.
Y en ese momento unos chiquillos vestidos de indios y unas niñas vestidas de señoras mayores vinieron a bailar alrededor de Europa y América, que se besaron con el aplauso de los comensales. Después se permitió entrar a algunos amantes del teatro que venían a asistir a la representación de Jedediah el Grande. Habían pagado sus entradas en especias: en melones, en alfarería, etc.
Unos chinos vinieron a retirar las mesas, y mientras, los negros hicieron una música al son de la cual la gente se puso a bailar al estilo de los mormones, es decir un hombre con dos mujeres. Entretanto se disponían las sillas y los bancos; después se encendieron las candilejas, se apagaron las luces de la sala y, mientras se seguía bailando en espera de los tres toques que anunciaban el espectáculo, las puertas se abrieron repentinamente y algunos oficiales federales entraron en la sala. Unos soldados los alumbraban con antorchas.