La mujer sentada
La mujer sentada Su obra maestra fue el Débardeur, que es sobre todo un disfraz femenino deliciosamente equÃvoco cuyo carácter subrayó sobradamente en esa leyenda sobre una mujer débardeur flirteando con una pierrette, que le grita: «¡Vete por ahÃ!… ¡Cómo son los hombres!», cosa que tal vez resume la insolente fantasÃa de todo el siglo XIX.
También habrÃa sido preciso, para la nueva alegrÃa de la época, inventar un nuevo cancán, al haber sido el antiguo situado por la Goulue, Rayon d’Or, Grille d’Égout, Valentin le Désossé y por la devoción de grandes pintores como Toulouse-Lautrec al nivel de las danzas hieráticas.
HabrÃa sido preciso algo que respondiera al cancán de los tiempos de Gavarni, a ese cancán joven cuyas diferencias con el cancán solemne del Moulin Rouge son tan evidentes si se compara por ejemplo el cuadro de Seurat, El baile del Chahut, con el monólogo mucho más antiguo de Jules Choux, que comienza asÃ:
La chahutera y la cancanska,
Sus posturas Ãntimas las conozco yo
Con redowe y con mazurca
De vÃctimas he dejao un montón (bis)