La mujer sentada
La mujer sentada Ella regresó muy impresionada de esa visita. Al dÃa siguiente por la mañana, se despertó de buena hora y, al oÃr un perro aullando en la calle, sacudió a Nicolás Varinov, el cual, bostezando, le preguntó qué pasaba. «¿Oyes al perro aullar? —le dijo ella—, significa separación.» Él no le dio importancia y se volvió a dormir; mas durante el dÃa, mientras Nicolás estaba en casa de su hermana, Elvire corrió a casa de Pablo y le dijo que estaba lista para quedarse con él. Y él mostró una satisfacción tan grande por esa decisión que inmediatamente, como solÃa hacer cuando tenÃa una nueva pareja, la llevó a unos grandes almacenes donde le compró un impermeable con el que ella fue esa misma noche a la Coupole en compañÃa de su nuevo amante.
Al dÃa siguiente recibió por encargo de Nicolás Varinov todas sus cosas, sus vestidos, sus pieles, su caballete y sus cuadros.
Pero desde el segundo dÃa estaba ya cansada de Pablo. Su amor por Nicolás le henchÃa el corazón; le escribió y él contestó y al octavo dÃa de su instalación en casa de Pablo Canouris, mientras éste habÃa ido a pasear por Montmartre, hizo que Corail la ayudase y abandonó el estudio del pintor de las manos azul celeste, el cual, al acogerla en su casa, no habÃa tenido la iniciativa de decirle que estaba en su casa y de confiarle unas llaves.