La mujer sentada
La mujer sentada Escogió a un payaso piamontés cuyo traje multicolor y cuyo maquillaje le encantaban; un estudiante de medicina que iba a dedicarse a las letras, un mutilado de los dos brazos que le hablaba brutalmente y la adoraba, un aviador en la retaguardia llamado Pentelemon que pertenecía al contingente de Ruritania. Lo había escogido por su nombre, que le recordaba al de la Pentelemonskaya, donde Elvire vivió en Petrogrado; y por último un tornero de obuses que era un mozo del Ch’Norte y se sabía canciones muy bonitas.
Trabajó con un entusiasmo inimaginable, estando absolutamente decidida a no depender de un hombre, y, con ayuda de la fortuna, se ganaba bien la vida.
Representaba el papel de reina del poder que la guerra le había dado.
Mas ninguno de sus amantes ocupaba ya su corazón, el cual repartía entre Mavise Baudarelle y Corail, la linda pelirroja de ojos color de avellana cuyo aspecto evocaba tan bien al de una gota de sangre sobre una espada.