La mujer sentada
La mujer sentada Las religiones prometían recompensas en el otro mundo, los sociólogos prometen a los individuos la felicidad en este mundo; hay que suprimir todo eso y que desde ahora los hombres no hallen la felicidad más que en sí mismos mediante la satisfacción del deber cumplido y del honor salvaguardado. Se llegará a ello a través de una educación sin debilidad y sin error. El célebre Fox había prometido a su hijo que lo llevaría a presenciar la demolición de un muro. Había que emplear pólvora de cañón, y el niño se regocijaba de ver esa explosión. Al enterarse de que el muro había sido derruido sin que se avisase al niño, mandó reconstruirlo y hacerlo saltar por segunda vez para no faltar a la palabra que le había dado a su hijo. Ese famoso orador tenía pues sentido del honor y no quería, faltando a la palabra dada a su hijo, deformar el sentido del mismo que pudiera tener éste.
Es preciso exaltar los rasgos hermosos de honor de nuestra época, citarlos como ejemplos y no como excepciones».
El falso Ovidio del Ponto Euxino se permitió recordar al Sr. de Saintariste que el Sr. Faguet acariciaba una idea bastante cercana a la suya y que la había desarrollado en su Moral del honor.