Dinero

Dinero

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

VIEJA. Estás de guasa, pero yo, ¡pobre de mí!, tengo una comezón terrible.

CRÉMILO. ¿No acabarás ya de decir qué comezón es ésa?

VIEJA. Verás. Yo tenía de amante a un jovencito, pobre él, pero muy apuesto, guapo y honrado: siempre que yo quería algo se desvivía por hacerme todo de la manera más agradable y delicada. Yo también le hacía a él muchos favores.

CRÉMILO. ¿Qué es lo que solía pedirte sobre todo?

VIEJA. No mucho, pues tenía conmigo una delicadeza nada frecuente. Por ejemplo, me pedía veinte dracmas de plata para una capa, o bien ocho para unas sandalias. Otras veces me rogaba que le comprara una túnica para sus hermanas, o un mantoncillo para su madre. O si no, me pedía cuatro sacos

[85] de grano.

CRÉMILO. Pues no es mucho, no, ¡por Apolo!, lo que has dicho. Sí que era discreto.

VIEJA. Además me decía que no me pedía esas cosas por cochino interés, sino por amistad, para acordarse de mí cuando llevara la capa.

CRÉMILO. Hablas de un hombre con un amor nada frecuente.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker