Dinero
Dinero VIEJA. Estás de guasa, pero yo, ¡pobre de mÃ!, tengo una comezón terrible.
CRÉMILO. ¿No acabarás ya de decir qué comezón es ésa?
VIEJA. Verás. Yo tenÃa de amante a un jovencito, pobre él, pero muy apuesto, guapo y honrado: siempre que yo querÃa algo se desvivÃa por hacerme todo de la manera más agradable y delicada. Yo también le hacÃa a él muchos favores.
CRÉMILO. ¿Qué es lo que solÃa pedirte sobre todo?
VIEJA. No mucho, pues tenÃa conmigo una delicadeza nada frecuente. Por ejemplo, me pedÃa veinte dracmas de plata para una capa, o bien ocho para unas sandalias. Otras veces me rogaba que le comprara una túnica para sus hermanas, o un mantoncillo para su madre. O si no, me pedÃa cuatro sacos
[85] de grano.CRÉMILO. Pues no es mucho, no, ¡por Apolo!, lo que has dicho. Sà que era discreto.
VIEJA. Además me decÃa que no me pedÃa esas cosas por cochino interés, sino por amistad, para acordarse de mà cuando llevara la capa.
CRÉMILO. Hablas de un hombre con un amor nada frecuente.