El arte de la politica
El arte de la politica Se equivocan quienes opinan que es lo mismo regir una ciudad, un reino o un patrimonio con esclavos. Creen que cada una de estas realidades se diferencia de las demás por su mayor o menor dimensión, pero no por sus propias características. Es decir, que un individuo, si gobierna a unos pocos, es amo de una casa; si gobierna a más, administrador de un dominio; si a más aún, rey o magistrado. Creen que no difieren en nada una casa grande y una ciudad pequeña, un rey y un gobernante político: que, cuando uno ejerce el mando a título personal, es un rey, y cuando lo hace según las normas de un arte peculiar, siendo en parte gobernante y, en parte, gobernado, es un político. Pero esto no es así. Y lo que afirmo será evidente al examinar la cuestión con el método que proponemos. Es necesario reducir lo compuesto a sus elementos simples, es decir, a las más pequeñas partes del conjunto. Indagando así cuáles son los elementos constitutivos de la comunidad, reconoceremos mejor en qué difieren estos elementos, y veremos si se pueden sentar algunos principios científicos para resolver las cuestiones de que acabamos de hablar. En esto, como en todo, remontarse al origen de las cosas y seguir atentamente su desenvolvimiento es el camino más seguro para la observación.

Un gobernante por naturaleza, y un jefe natural, es aquel que es capaz de previsión.
