Obra biologica
Obra biologica Hablemos ahora, como si lo hiciésemos desde el principio otra vez, empezando primero por lo primero. Todos los animales formados poseen dos partes totalmente indispensables: aquella por la que reciben el alimento y aquella por la que evacuan el excremento, pues no pueden existir ni crecer sin alimentación [300]. Las plantas (consideramos que éstas también viven) no tienen un lugar para la excreción de lo inútil. Toman de la tierra el alimento ya cocido [301], y en lugar de excrementos, producen las semillas y los frutos. Existe en todos los animales una tercera parte en medio de esas dos que contiene el principio de la vida [302]. Las plantas,[656a] que por naturaleza permanecen inmóviles, no presentan gran una gran variedad de partes no homeómeras [303]: para sus escasas acciones utiliza pocos órganos. Por eso, hay que estudiar su forma propia aparte [304]. Pero los que, además de vivir, tienen sensibilidad, presentan una forma mucho más variada, y entre éstos, unos más que otros; todavía es mucho más variada en aquellos cuya naturaleza participa no sólo del vivir sino del vivir bien [305]. Tal es el género humano. Pues es el único de los animales que conocemos que tiene algo de divino, o al menos, el que más de todos [306]. De modo que por eso, y porque la forma de sus partes externas es la más conocida, hay que hablar primero sobre él [307]. Pues, francamente, no sólo es el único cuyas partes naturales están dispuestas conforme a la naturaleza, sino que además, su parte superior está dirigida hacia lo alto del universo [308]. En efecto, entre los animales, sólo el hombre se mantiene derecho. Por consiguiente, resulta necesario a partir de lo que hemos dicho sobre el cerebro [309], que su cabeza carezca de carne. No se debe, como algunos dicen [310], a que si fuese carnosa, la vida del género sería más larga, ni tampoco, como afirman, a que carece de carne para facilitar la sensación: la sensación se percibe en el cerebro y las partes muy carnosas no dejan llegar la sensibilidad [311]. Ninguna de estas dos explicaciones es verdadera, pero si la región que rodea al cerebro tuviese mucha carne, el cerebro cumpliría una función contraria a aquella por la que existe en los animales (no podría enfriar porque él mismo estaría muy caliente),por otra parte no es responsable de ninguna sensación, porque él mismo también es insensible, como cualquier excreción. Pero, ellos, al no encontrar la causa de que algunos sentidos estén en la cabeza, y al ver que el cerebro es más apropiado que las demás partes, los relacionan entre sí por suposición. En los tratados sobre la sensación hemos explicado que el principio de las sensaciones [312] es la región en torno al corazón, y asimismo por qué hay dos sentidos claramente ligados al corazón; el tacto y el gusto; de los tres restantes, el olfato es intermedio, mientras que el oído y la vista se sitúan principalmente en la cabeza debido a la naturaleza de sus órganos sensoriales, y de éstos, la vista se encuentra ahí en todos los animales. El caso del oído y del olfato de los peces y sus semejantes demuestra claramente lo que hemos dicho. Oyen y huelen, pero no presentan en la cabeza ningún órgano sensorial visible para estos sentidos. La vista, en todos los que la poseen, se sitúa, razonablemente cerca del [656b] cerebro. Éste es, por naturaleza, húmedo y frío, mientras que la vista es acuosa [313], ya que el agua es el cuerpo transparente que más protege. Además, las sensaciones más precisas tienen que llegar a serlo necesariamente a través de las partes que contienen sangre muy clara, ya que el movimiento del calor en la sangre obstaculiza el acto de la sensación. Por estas causas, sus órganos sensoriales se sitúan en la cabeza. Sin embargo, no sólo la parte anterior de la cabeza carece de carne, sino también la posterior, porque todos los animales que la poseen deben tenerla lo más derecha posible. En efecto, nada que lleve una carga puede mantenerse derecho, y así sería si la cabeza estuviese bien cubierta de carne. Por lo cual, queda claro que no es para favorecer la sensibilidad del cerebro el que la cabeza carezca de carne. La parte posterior no tiene cerebro y, sin embargo, está igualmente desprovista de carne. Razonablemente también, algunos animales tienen situado el oído en la región que rodea la cabeza [314]. Lo que denominamos vacío está lleno de aire, y decimos que el órgano del oído es de aire. Los conductos que parten de los ojos llegan hasta las venas que rodean el cerebro. A su vez, un conducto que parte de los oídos enlaza igualmente con la parte posterior. Ninguna parte no sanguínea es capaz de sentir, ni tampoco la sangre, pero sí algunas de las compuestas de ella. Por eso, en los animales sanguíneos ninguna parte no sanguínea tiene la capacidad de sentir, ni la propia sangre, pues no constituye parte alguna de los animales [315]. El cerebro, en todos los animales que poseen esta parte, se sitúa en la parte anterior de la cabeza, porque es por delante por dónde se reciben las sensaciones, y porque la sensibilidad viene del corazón, y éste se halla delante; y además, porque el proceso de la sensación se produce a través de partes que contienen sangre y la cavidad posterior está desprovista de venas. Los órganos sensoriales han quedado bien dispuestos por la naturaleza del siguiente modo: los oídos, en mitad de la circunferencia de la cabeza (pues no oyen sólo de frente sino desde todas direcciones), la vista delante (pues ve en línea recta, el movimiento se produce hacia delante y es preciso ver delante aquello hacia lo que se dirige el movimiento). El órgano del olfato se sitúa razonablemente, entre los ojos. Cada uno de los órganos sensoriales es doble porque el cuerpo es doble: tiene una derecha y una izquierda. En el caso del tacto, esto no está claro. La causa es que el órgano principal de este sentido no es la carne o la parte análoga, sino algo interior [316]. Respecto a la lengua [317] hay menos claridad pero más que en el caso del tacto. El propio sentido del gusto es como una especie de tacto [657a]. Igualmente queda claro cuando ésta aparece partida en dos [318]. En los demás órganos sensoriales es mucho más evidente que la sensación es doble. Los oídos y los ojos son dos, y el paso de aire de la nariz también es doble. Si este órgano estuviese situado de otro modo y separado, como el oído, no podría desempeñar su función, ni tampoco la parte en la que se sitúa. En los que tienen nariz, la sensación se produce a través de la respiración, y esta parte se halla en el medio y delante. Por eso, la naturaleza ha llevado al centro de estos tres órganos sensoriales a la nariz y los ha puesto como en un cordel, por el movimiento de la respiración.