Retorica

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Hay que tomar en consideración este estado de cosas para comprender las causas por las que la retórica debió constituir una de las primeras actividades de Aristóteles, nada más fundar el Liceo, y, sobre todo, para hacerse cargo del giro que imprimió a sus planteamientos en el horizonte de la situación ateniense. Este giro preside, en realidad, la definitiva incorporación del modelo de la «causalidad psicológica» y la subsiguiente especialización de la retórica con respecto a la dialéctica. En I 2, 1357a1, Aristóteles razona esta especialización diciendo que «la dialéctica concluye sus silogismos a partir de lo que requiere razonamientos y la retórica a partir de lo que se acostumbre a deliberar». Ahora bien, si este punto de vista culmina el proceso por el que, según hemos constatado, la retórica ha ido acomodándose al paradigma de la oratoria deliberativa, por su parte tal proceso no hace más que incidir en el esquema de evolución seguido en general por la filosofía práctica de Aristóteles. El estatuto ontológico que corresponde a la retórica es el de lo meramente posible, sobre el que se asientan los argumentos de la probabilidad. Pero lo posible, el dynatón, es lo que puede ser o no ser o ser de dos o más maneras[332]. De esta región óntica caben conocimientos, verosimilitudes más ciertas que sus contrarias; pero la deliberación introduce además un factor nuevo: el de la intervención sobre las posibilidades, el de su resolución en uno u otro sentido por un acto humano, el de la conversión, en fin, de lo posible en lo agible[333]. Éste es el ámbito de la phrónesis, de la sensatez por la que el hombre juicioso guía sus elecciones[334]; y es también el ámbito de la téchne, de las artes transformadoras, cuando de la acción se pasa a la producción[335]. Uno y otro de estos ámbitos constituyen el universo de la ética y la política. Y de este modo, si la dialéctica, con su recurso a los «razonamientos», conforma el instrumento en general del saber para todas aquellas materias para las que no hay ciencia determinada, la retórica, con su recurso a las «deliberaciones», configura el instrumento particular de análisis para aquellos asuntos en cuyo marco de posibilidad interviene la acción del hombre. La dialéctica es, en suma, un negativo de la ciencia; la retórica, un negativo de la ética y la política. Éste es el núcleo del giro que impone Aristóteles a su Retórica y el que guía a su juicio toda la cuestión.


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