Retorica
Retorica Ahora bien, al analizar la naturaleza de estas hipótesis, Aristóteles echa mano de una distinción que parece alejarlo definitivamente del mundo platónico. Tóp. VIII (que, salvo por su dudoso cap. 2, es posterior a Tóp. VI-VII) inicia sus argumentaciones diciendo que mientras que al filósofo (i. e. al que practica la ciencia) le es posible investigar por sí solo, preocupándose en exclusividad de que «las cosas por las que se hace el silogismo sean verdaderas y conocidas», al dialéctico, por el contrario, le es obligatorio «ordenar las materias y formular las preguntas (…) de cara a un oponente»[91]. El estatuto que corresponde a las hipótesis dialécticas —he aquí lo que quiere decir Aristóteles— no es otro que el propio de las «opiniones» (dóxai). Una tesis de la que no se sabe todavía si se cumple en todos los contextos posibles constituye efectivamente una opinión, un enunciado de validez subjetiva; y la «posibilidad de contradicción» sólo puede ser interpretada entonces como «posibilidad de confrontación con otras opiniones», como diálogo o controversia con un oponente.