Retorica

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30Ahora bien, lo que se dice en los exordios de los discursos epidícticos se saca de un elogio o de una censura (como Gorgias en su Discurso Olímpico: «Dignos sois de que os admiren, varones helenos»,[290] donde elogia a los que instituyeron las fiestas solemnes; mientras que Isócrates los censura, porque honraron 35con recompensas las excelencias del cuerpo y, en cambio, no instauraron ningún premio para los hombres de buen sentido).[291] También <puede sacarse el exordio> de la deliberación (como, por ejemplo: que hay que honrar a los buenos y que ésta es la causa de que uno mismo haga el elogio de Aristides; o que <hay que honrar> a esa clase de hombres que nadie celebra y que, no careciendo de virtud, sino siendo buenos, resultan unos desconocidos, como Alejandro, el hijo de Príamo:[292] <el que así habla> está dando, ciertamente, consejos). Y, además, <pueden sacarse> 1415atambién de los exordios forenses, es decir, de aquellos que se dirigen al oyente para el caso de que el discurso vaya a tratar de algo contrario a la opinión común, o de algo muy difícil, o ya muy repetido por muchos,[293] cosas todas por las que se han de pedir disculpas. Como Quérilo:

Ahora, cuando ya está repartido todo…[294]

5Así pues, los exordios de los discursos epidícticos se obtienen de lo siguiente: del elogio, de la censura, del consejo, de la disuasión y de las disculpas dirigidas al auditorio.


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