La isla desierta _ Saverio el cruel
La isla desierta _ Saverio el cruel EMPLEADA 2.ª. —Parece mentira que ninguno haya viajado.
EMPLEADO 2.º. —¿Y por qué no ha viajado usted?
EMPLEADA 2.ª. —Esperaba a casarme…
TENEDOR DE LIBROS. —Lo que es a mÃ, ganas no me han faltado.
EMPLEADO 2.º. —Y a mÃ. Viajando es como se disfruta.
EMPLEADA 3.ª. —Vivimos entre estas cuatro paredes como en un calabozo.
MANUEL. —Cómo no equivocarnos. Estamos aquà suma que te suma, y por la ventana no hacen nada más que pasar barcos que van a otras tierras. (Pausa). A otras tierras que no vimos nunca. Y que cuando fuimos jóvenes pensamos visitar.
EL JEFE (irritado). —¡Basta! ¡Basta de charlar! ¡Trabajen!
MANUEL. —No puedo trabajar.
EL JEFE. —¿No puede? ¿Y por qué no puede, don Manuel?
MANUEL. —No. No puedo. El puerto me produce melancolÃa.
EL JEFE. —Le produce melancolÃa. (Sardónico). Asà que le produce melancolÃa. (Conteniendo su furor). Siga, siga su trabajo.
MANUEL. —No puedo.