La isla desierta _ Saverio el cruel
La isla desierta _ Saverio el cruel TENEDOR DE LIBROS. —Cierto, se parece a una tumba. Yo muchas veces me decÃa: «Si se apaga el sol, aquà no nos enteramos»…
MANUEL. —Y de pronto, sin decir agua va, nos sacan del sótano y nos meten aquÃ. En plena luz. ¿Para qué queremos tanta luz? ¿Podés decirme para qué queremos tanta luz?
TENEDOR DE LIBROS. —Francamente, yo no sé…
EMPLEADA 2.ª. —El jefe tiene que usar lentes negros…
EMPLEADO 2.º. —Yo perdà la vista allá abajo…
EMPLEADO 1.º. —SÃ, pero estábamos tan tranquilos como en el fondo del mar.
TENEDOR DE LIBROS. —De allà traje mi reumatismo.
Entra el ordenanza CIPRIANO, con un uniforme color de canela y un vaso de agua helada. Es MULATO, simple y complicado, exquisito y brutal, y su voz por momentos persuasiva.
MULATO. —¿Y el jefe?
EMPLEADA 2.ª. —No está. ¿No ve que no está?
EMPLEADA 3.ª. —Fue a la Dirección…
MULATO (mirando por la ventana). —¡Hoy llegó el «Astoria»! Yo lo hacÃa en Montevideo.
EMPLEADA 2.ª. (Acercándose a la ventana). —¡Qué chimeneas grandes tiene!