La isla desierta _ Saverio el cruel
La isla desierta _ Saverio el cruel EMPLEADA 1.ª. —Es notable.
EMPLEADA 2.ª. —Las cosas que se aprenden viajando…
MULATO. —Allá no hay jueces, ni cobradores de impuestos, ni divorcios, ni guardianes de plaza. Cada hombre toma a la mujer que le gusta y cada mujer al hombre que le agrada. Todos viven desnudos entre las flores, con collares de rosas colgantes del cuello y los tobillos adornados de flores. Y se alimentan de ensaladas de magnolias y sopas de violetas.
TODOS. —Eh, eh…
EMPLEADA 2.ª. —¡Eh! ¡Cipriano, que no nacimos ayer!
MULATO. —Juro que se alimentan de ensaladas de magnolias.
TODOS. —No.
MULATO. —SÃ.
EMPLEADO 2.º. —Mucho… mucho…
MULATO. —Digo que sÃ. Y además los árboles están siempre cargados de toda clase de frutas.
MANUEL. —No será como la que uno compra aquÃ, en la feria.
MULATO. —Allá no. Cuelgan libremente de las ramas y quien quiere, come, y quien no quiere, no come… y por la noche, entre los grandes árboles, se encienden fogatas y ocurre lo que es natural que ocurra entre hombres y mujeres.