La isla desierta _ Saverio el cruel
La isla desierta _ Saverio el cruel ERNESTINA (asustada). —SantÃsima Virgen, qué bárbaro es este hombre…
SAVERIO. —¡Y cómo quieren gobernar sin cortar cabezas!
ERNESTINA. —Vámonos, che…
PEDRO. —Pero no es necesario llegar a esos extremos.
SAVERIO (riéndose). —Doctor, usted es de esos ingenuos que aún creen en las ficciones democráticas parlamentarias.
ERNESTINA (tirando del brazo de PEDRO). —Vamos, Pedro…, se nos hace tarde.
PEDRO. —Saverio… no sé qué contestarle. Otro dÃa conversaremos.
SAVERIO. —Quédense…, les voy a enseñar cómo funciona… Se tira de la soguita…
PEDRO. —Otro dÃa, Saverio, otro dÃa. (Los visitantes se van retirando hacia la puerta).
SAVERIO. —Podemos montar las guillotinas en camiones y prestar servicio a domicilio.
ERNESTINA (abriendo la puerta). —Hasta la vista, Saverio. (Los visitantes salen).
SAVERIO (corriendo tras de ellos). —Se dejan los guantes, el sombrero. (Mutis de SAVERIO un minuto).