Los Lanzallamas
Los Lanzallamas —Regular. Lo que ocurre es que nosotros somos una raza avara, acostumbrada a decir: “Es preferible una paloma en la mano a ciento volando”. Yo en cambio prefiero cien palomas volando a una en la mano. Esta es también la técnica del ajedrez… ¿Usted juega al ajedrez?
―No.
—Sin embargo, usted admira a Napoleón. Hay que jugar al ajedrez, querido amigo… El ajedrez es el juego maquiavélico por excelencia… Tartakover, un gran jugador, dice que el ajedrecista no debe tener un solo final de juego, sino muchos; que la apertura de una jugada, cuanto más contusa y endiablada, más interesante, es decir más útil, porque así desconcierta de cien maneras al adversario. Tartakover, con su admirable vocabulario de maquiavelista del ajedrez domina este procedimiento: “elasticidad de juego”. Cuanto más “elástica” la jugada, mejor; pero como decíamos, el advenimiento de los militares al poder es el summum ideal para los que deseamos el quebrantamiento de la estructura capitalista. Ellos constituyen intrínsecamente los elementos que pueden despertar la conciencia revolucionaria del pueblo.
—No se mantendrán en el poder.
—Se mantendrán… y además son lo suficientemente brutos para llevar a cabo todos los disparates necesarios para despertar la conciencia revolucionaria del pueblo…