Los Lanzallamas
Los Lanzallamas —Hum…
—Harán disparates, no le quede la menor duda. Todo militar es un déspota que se ríe a carcajadas de las ideas. Hay que colocarlos en el poder, permitir que le “ajusten las clavijas” al pueblo. Y, claro está: el pueblo que lo que menos tenía era ser revolucionario y comunista, por contradicción con esa minoría se convertirá en bolchevique y antimilitarista. Se necesita un dictador enérgico, bárbaro; cuanto más bruto y enérgico sea, más intensa será la reacción. La pólvora sola arde en el aire; encerrada en un recipiente, forma lo que se llama una bomba.
—¿Sabe que es curioso?
Una jauría de perros ladra interminablemente en la distancia. Se oye un amortiguado y lejano estampido de escopeta.