Los Lanzallamas
Los Lanzallamas —Qué le hemos de hacer… Aunque es menos barbaridad de lo que usted se cree. Entre que las ganancias que rinde un prostÃbulo se las gaste un macró jugando a las carreras, es preferible que las susodichas ganancias se empleen en formar tipos capacitados de revolucionarios técnicos que serán útiles a la sociedad. FÃjese bien lo que le digo: una célula desconocida para el conjunto, manejará los prostÃbulos. Dichas ganancias servirán para financiar el sostenimiento de la academia de técnicos revolucionarios. Yo, aun no he elegido el punto del interior; me falta presupuesto. Erdosain tiene que entregarme los planos de la fábrica de fosgeno.
—¿Usted cree en Erdosain?
—SÃ, creo en él y lo aprecio mucho.
—Siga.
—Si nosotros llegamos a montar la Academia Revolucionaria, no importa que esté plagada de defectos; habremos dado un gran paso hacia adelante. Buscaremos técnicos, dividiremos nuestro tiempo de trabajo.
—Para qué, me pregunto. ¿Usted no tiene esperanza en que el comunismo se infiltre en nuestro ejército?