Los Lanzallamas
Los Lanzallamas —El día que tengamos preparada una brigada de técnicos en gases, una brigada de aviadores, unos expertos en ametralladoras, unos hombres que sepan explicarle tranquila y claramente al proletariado en qué consiste el comunismo, la división de la tierra, la tierra para el que la trabaja, las industrias fiscalizadas por el Estado; el día que tengamos, no pido mucho, cien hombres capaces cada uno de organizar una célula que sea un reflejo de la Academia Revolucionaria, con sus procedimientos científicos…, ese día podemos hacer la revolución.
—Todo eso es inverosímil a simple vista…
—Sí… Usted me recuerda… Vea: el año 1905, en el congreso de Ginebra, los comunistas dijeron a los delegados reunidos que ellos jamás pagarían las deudas que la Rusia zarista contraía con los otros Estados. Los delegados se reían de ese que llamaban “un montón de locos”, y hoy… hoy, querido amigo… todavía andan corriendo los franceses para cobrar los mil millones que le prestaron a Rusia en el año 1905. ¿Sabe por qué a usted todo esto le parece inverosímil? Porque usted está contagiado de la cobardía natural, la inercia natural a casi todos los pobladores de estos países sudamericanos. Le digo a usted que cien hombres pueden hacer la revolución en la República Argentina. Cien hombres decididos, con diez mil kilogramos de fosgeno a la vanguardia, destruyen el ejército, desmembran el resto, organizan el proletariado, van a las nubes…