Los Lanzallamas
Los Lanzallamas —¡Cien hombres!
—Cien hombres… ¡SÃ! Cien. hombres… ¿Cuál serÃa la táctica?… Vea, no tengo reparos en explicársela. Ataque simultáneo con gases a las zonas militares. Ataque con gases a los centros de aviación. Los aviadores que sobrevivan al ataque se encargarán de desmembrar el resto del ejército. Se les responsabiliza de todo accidente. Se les castiga durÃsimamente. ObedecerÃan. Desmembramiento del ejército. Degradación de la oficialidad. Reorganización de la suboficialidad. Se arman inmediatamente ejércitos proletarios. Se ejecuta automáticamente a todos los polÃticos. El poder al proletariado.
»Claro, cien hombres preparados como yo quiero, conscientes del poder que traen entre sus manos. Es decir, ya no son cien hombres, son cien técnicos. Cien técnicos trabajando casi impunemente. Lo que impide la acción práctica es la falta de impunidad. Pero cien técnicos es distinto. ¡Diablos si es distinto! Cien técnicos, le insisto, pueden destruir nuestro ejército. ¿Sabe usted el entusiasmo, el delirio que en la multitud proletaria provocarÃa este fenómeno? Esos cien técnicos de la mañana a la noche se convertirÃan en cien héroes que la multitud no terminarÃa de admirar. Pero son necesarios cien técnicos. Estos cien técnicos hay que prepararlos, adiestrarlos...