Los Lanzallamas
Los Lanzallamas Se escuchan pasos en el cuarto que comunica con el escritorio.
—No es nada.
Los pasos se alejan, y él prosigue:
—Eso sólo se puede obtener con la academia. En la academia tendrán que aprender a fabricar gases, y con qué precauciones; cualquier descuido puede ser mortal. Tendrán que entrenarse en usar caretas, en trabajar envueltos en gas. ¿Usted cree que estamos conversando para distraernos? Le estoy hablando de realidades terribles, de las cuales la más insignificante provoca instantáneamente la muerte o lesiones gravÃsimas. Asà como suena. Cien hombres entrenados en este trabajo peligrosÃsimo, creo que se pueden tomar en cuenta, ¿no?
—Asà es.
Y el Abogado entrecierra los ojos. En el aire dorado por la luz le parece distinguir hombres envueltos en impermeables empapados de aceite, con embudos frente al rostro. Anillados tubos de goma penetran en carteras suspendidas en las espaldas sobre el pecho por triples correajes, tal cual lo ha visto en las fotografÃas de posguerra.