Los Lanzallamas
Los Lanzallamas Agudo como el canto de un gallo fue el tono con que lanzó una estrofa napolitana. Luego continuó:
—Mira qué interesante serÃa que vos también me hicieras asesinar por un pescador que llevara un clavel en la oreja.
Indudablemente, estaba loco.
—Lo extraño es que todavÃa no me hayas engañado, sin embargo. SerÃa interesante. Pero te faltan condiciones. No naciste para eso. Sos demasiado burguesita.
Y después de reÃrse solo frente a frente del espejo y de observar el efecto de su corbata sobre la pechera de finas rayas rojas y grises, continuó:
—No estoy mal mozo. Lo bueno es que si te quedás viuda te casarás con un tendero. ¿Qué te gustarÃa más?… ¿Un confitero? Vos atenderÃas la caja y cuidarÃas que los mozos no le robaran a tu marido de cincuenta mil pesos una masa de cinco centavos. En fin, la vida es divertida, ¿no te parece, mi amor? —y sonriendo cÃnicamente se acercó para besarme. ¿Se da cuenta?… ¡Para besarme! Lo rechacé, y entonces me preguntó—. ¿Está disgustada la confitera? —y se marchó cantando.