Los Lanzallamas
Los Lanzallamas —Bueno, escuchame… Tenés que ayudarme a salvar un alma. ¡Qué cosa más terrible he visto esta noche, Elsa! Algo que no tiene nombre. Un alma hundiéndose en el infierno. Eso… Imaginate una muchacha rodeada de un círculo de bebedores que la emborrachan riéndose…, y ella mirándome triste, como si me dijera: “¿Ves? Es por tu culpa, por culpa de todos los hombres que yo estoy perdiéndome”. Te juro que es algo espantoso, Elsa. Si la conocieras, le tendrías lástima. Tendrá veinticuatro años… Sí, veinticuatro años, me dijo el otro día. Trabaja de prostituta… pero no en un prostíbulo, no… “Hace la calle”, como dicen ellas. Eso es más honorable que pasarse el día encerrada en un lenocinio. Hacer la calle es caminar por la calle buscando hombres. ¿Te das cuenta? Y es linda. Tiene los pies rotos de tanto caminar. Fijate que escribió en un cuaderno, no sabiendo que yo la iba a encontrar… porque nos encontramos una vez y luego dejamos de vernos. Mira, escribió en ese cuaderno: “¿Dónde estás, Remo, alma noble? Pienso en ti día y noche”. ¿Te das cuenta, una prostituta? Camina como si estuviera ciega. Es muy corta de vista. Espera que te cuente.