Los Lanzallamas
Los Lanzallamas En pocos días me puso al tanto de su vida. Era hija de un lechero, se había criado poco menos que en un corral. Desde muy joven había mantenido relaciones sexuales con los que se le acercaban, y en su interior no le daba ninguna importancia al hecho de prostituirse. Recuerdo que una tarde, a los dos días de llegar, conversando me dijo: “Las mujeres casadas son iguales que nosotras”. Ella, a su vez, me observaba a mí. Me di cuenta, y entonces le di a entender, con falsedad, por supuesto, pues quería ver hasta dónde llegaba, que efectivamente ella tenía razón.