Los Lanzallamas
Los Lanzallamas —…pido un “Exprés” y me pongo a cavilar en nosotros. En nuestro futuro. ¿Qué soy en ese futuro? No lo sé. Quizá un atorrante, quizá un perdido… ―bajó la voz―. ¿Sabés lo peor que puede ocurrirme? Caer en un pozo… Conocer alguna mujer terrible que me envilezca y me haga arrastrar un cochecito que tenga en su interior un chico enfermo…
—Tengo sueño… Déjame dormir…
—Hablemos. ¡Es tan lindo poder hablar con confianza!… ―irĂłnicamente―. Parecemos hermanos. InĂştilmente he tratado de analizarte. Hasta he observado el timbre de tu voz cuando hablas de mis amigos. SĂ© que algunos te son simpáticos, porque los nombrás por su nombre… Las personas que no te son simpáticas las nombrás por sus apellidos… Aquellos que a vos te son simpáticos… a mĂ, antes de que vos los conocieras, me eran antipáticos… ÂżNo es raro esto de que estimemos tipos fundamentalmente distintos? Te lo digo porque cuando un hombre y una mujer se quieren, estiman caracteres iguales. Por eso te dije antes que no conocĂ©s mi vida…
—Te he dicho que tengo sueño… ¿Querés dejarme dormir?
La cĂłnica brasa describe una curva en el aire. Se reaviva un instante, y su fulgor escarlata soslaya una Ăłrbita, con el ojo fijo en un punto de las tinieblas.