Los Lanzallamas
Los Lanzallamas Cuando Elsa terminó de hablar ella dijo austeramente:
—¿Usted no tiene adónde ir?
—No.
—Usted necesita soledad, ¿no?
—SÃ.
—Entonces usted se quedará aquà hasta cuando lo necesite. Venga —y levantándose le señaló reverentemente a Elsa la puerta que del locutorio conducÃa al interior del convento.
50 Nota del comentador: Más tarde, con motivo de los sucesos que se desarrollaron y que ocupan las partes posteriores de esta crónica, tuve oportunidad de conversar con Elsa; por cuyo motivo he adoptado en esta parte de la crónica el diálogo directo, que puede ilustrar mejor al lector, dándole la sensación directa de los acontecimientos tal cual se desarrollaron.