Los Lanzallamas
Los Lanzallamas —SÃrvase, están contados. Son diez mil pesos justos.
El Astrólogo, sin contarlos, se los pasó a Erdosain y dijo:
—Guárdelos —y dirigiéndose al hombre flaco preguntó—. ¿Han impreso los volantes?
El hombre rubio, que mecÃa a la criatura en sus brazos, contestó:
—Ya se mandaron.
El Astrólogo continuó:
—Hay que preparar más. He recibido esta carta de Asunción.
—¿De Paraguay?
—SÃ.
El hombre del traje de mecánico leyó la carta, luego la entregó a su socio; éste se inclinó sobre la mesa, la leyó atentamente y, devolviéndosela al Astrólogo, dijo:
—Era de esperar. ¿Y usted continúa con su idea?
—SÃ.
—Es absurda…
—Más absurdo es falsificar dinero.
Los dos hombres lo miraron a Erdosain.
—¿Usted se prestarÃa para hacer circular billetes falsos?