Los Lanzallamas

Los Lanzallamas

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El Astrólogo, sin llamar, entró. Bajo la galería, a la luz de una lámpara eléctrica, dos hombres jugaban a los naipes. Uno era delgado, pálido, pomuloso, de pelo crespo y ojos negros. El otro, grueso, de barbilla reluciente, ojos verdosos y cabello rubio, vestía un traje azul de mecánico. Los desconocidos clavaron los ojos en Erdosain, y éste, sin saber por qué, se sintió cohibido. En el fondo del patio una mujer joven con una criatura en el brazo, detenida en el marco de una puerta, lo examinó también.

Erdosain se sintió molesto por la persistencia de las miradas, y el Astrólogo dijo:

—Este es uno de los “nuestros”, que recién empieza… Erdosain.

Los dos hombres le estrecharon la mano, y la mujer con el chiquillo en brazos arrimó una silla de estera de paja. El hombre flaco entró al cuarto saliendo con otra silla, y los cuatro hombres formaron círculo en torno de la mesa.56

—¿Quieren que cebe mate? —dijo la mujer.

El hombre de la barbilla reluciente y ojos verdosos miró cariñosamente a la mujer y dijo:

—Bueno, pero dame el nene.

Lo sentó en su falda, y ella se dirigió a la cocina. El hombre flaco sacó del bolsillo un paquete de billetes, y dijo:


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