Los Lanzallamas
Los Lanzallamas Mira lejos. Su mirada pasa por encima de los tejados, las cuerdas con ropas, las chimeneas, los jardines y los planos horizontales apretados de macizos de orégano y lechuga. Mira, deja de mirar, y se dice con toda seriedad, como si considerara a un postulante que solicita empleo:
—Es necesario ser sincero. ¿Qué es lo que querés?
Involuntariamente mueve la cabeza, como los boxeadores cuando están groguis62. Alguien descarga trompadas que le rozan con zumbido de viento las orejas.
—Es necesario ser sincero. ¿Qué es lo querés?
Esquiva dificultosamente, pierde sensación de la distancia y de la luz; todo se enneblina en redor.
—Y gozarás con ser espantosamente humillado ―”Pido secreto, secreto”, grita el alma de Erdosain―, y con caminar encorvado hacia una cocina donde lavarás pensativamente los platos… ―Erdosain siente que varios resortes de su sensibilidad escapan de los gatillos y le estremecen el tuétano de los dientes: “Pido secreto, secreto…”―. Te agacharás cada vez más, de manera que la gente podrá caminar encima tuyo, y serás invisible para ellos, casi como lo es una alfombra…