Los Lanzallamas
Los Lanzallamas Materialmente, no hay descanso para él. Incluso le parece ver frente a sus ojos, para el lado que se vuelva, escrito este letrero:
TIENES QUE SUFRIR
Mueve la cabeza en infantil negativa…
TIENES QUE SUFRIR
Su mirada adquiere a momentos la vítrea transparencia de los afiebrados. Lo solivianta la locura de padecer. No terminará nunca su dolor. Aun durmiendo, sufre. Son los suyos sueños turbios, desolados como los cuartos de altos techos algodonados de sombra. Él camina sin despertar un eco, y cruza palabras olvidadizas con fantasmas que aun le piden cuentas de sus actos terrestres. Tiene la sensación de estar en puntas de pies sobre la última pulgada de un trampolín que lo lanzará al vacío.
Luego regresa a la conciencia de sí mismo, y el dolor abandonado permanece allí más abrasador, quemándole las sienes, apesantándole los párpados, aplomándole las manos. Quiere rebelarse contra este hedor de sus entrañas que le infecta la mente, escaparse de su periferia humana. Sabe que le está negado hasta el regazo donde poder llorar desmesuradamente.