Los Lanzallamas

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Y es que una vez construida la fortaleza, Erdosain se divierte en destruirla.65

Desde una distancia de veinte metros, “bombardea a cascotazos el castillo sitiado”. Después de una descarga de diez o quince piedras el pequeño Remo, con la cabeza engallada, se acerca al fuerte. Con ojos brillantes de entusiasmo estudia el efecto de los ladrillazos sobre las torres de fango. Calcula concienzudamente la resistencia que los muros ofrecen a otra descarga, la dirección de las grietas, acompañado de qué accidentes se ha hundido un puente, cómo se ha desmoronado el mirador.

El juego encierra prodigios de felicidad solitaria para el pequeño Remo.

Como siempre construía la fortaleza en el ángulo formado por dos tapias de ladrillo, las piedras que no tocaban el “castillo” rebotaban en la pared, arrancando nubes rojas de polvo que cubrían la fortaleza de un polvillo achocolatado. El niño, al ver flotar el polvo rojo en el aire, se imaginaba que la nubecilla estaba formada por el humo de la pólvora de una “bombarda” invisible, y arreciaba de tal manera el “cañoneo”, que las gallinas, espantadas, ahuecaban las alas, dando grandes saltos a ras del suelo.


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