Los Lanzallamas
Los Lanzallamas —Ciertamente, casi todos los quĂmicos contraen matrimonio muy jĂłvenes, como si la quĂmica influyera en la tendencia a constituir familia.
Erdosain experimenta increĂbles deseos de burlarse de aquel hombre:
—¡Qué verdad notable dice usted! Constituyen familia… Se casan con señoritas serias que por lo general dan a luz tres hijos.
El gaseado repone grave:
—Yo conocĂ a un quĂmico que le puso estos nombres a sus hijos: Helio, Tungsteno y Rutenio.
Erdosain arguye, pensativo:
—¿Se le ocurrirá a esos quĂmicos que con los gases que ellos han inventado pueden quemárseles en el futuro los pulmones a sus hijos, agrietarles las carnes, vaciarles las Ăłrbitas?
Repentinamente, el enigmático visitante pregunta, serio:
—¿Y usted tiene el coraje de entregarle al Astrólogo los planos de una fábrica de fosgeno?
Erdosain podĂa contestarle: “quĂ© le importa a usted”; pero retiene la groserĂa, escapándose por la tangente:
—En todas las quĂmicas se encuentran datos respecto a los gases.
—SĂ… es cierto…