Los Lanzallamas
Los Lanzallamas —En Alemania hay almacenes de caretas contra gases como aquà bares automáticos.
—¿Y ustedes llevarÃan el ataque?
—El plan consiste en atacar bases aéreas y arsenales. Apoderarse de los arsenales…
—CaerÃan inocentes.
—Y ustedes, en las trincheras, ¿eran culpables de algún crimen?
—SÃ.
—¡Eh!… ¡eh!… ¿Qué dice usted?
—Claro. Todos los que estuvimos en las trincheras somos culpables de crimen. ¿Por qué tiramos? ¿Por qué no dejamos que tiraran ellos, los generales? ¿O usted cree que la responsabilidad se puede trasponer a otro, como un cheque? No. El soldado que mató en las trincheras es tan criminal como el hombre que mata a su prójimo en la calle y a sangre frÃa. Ahora, si los generales hubieran estado en mayor cantidad que los soldados, nada habrÃa que objetar.
Erdosain reflexiona unos instantes y dice:
—¿Sabe usted que debe ser divertido ese juego atroz?
El gaseado se restrega nerviosamente las manos azuladas: