Los Lanzallamas

Los Lanzallamas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Erdosain se levanta pensativamente y entreabre la puerta. Frente a él está la chica. Desde aquella tarde en que le entregó una suma de dinero a doña Ignacia, la muchacha se ha convertido en su querida. Este hecho coincidió con su aislamiento casi completo. Se entrevistaba escasas veces con el Astrólogo. Para evitarse en la pensión preguntas indiscretas, dio por toda razón el pretexto de que “meditaba otro invento”. En realidad estudiaba la instalación de la fábrica de gases de guerra. Desea entregarle su proyecto al Astrólogo. Después se “iría” a la colonia de la cordillera. Tal pensaba a momentos. Semejante conducta le atrajo la admiración de los otros pensionistas, que le estimulaban incondicionalmente desde que supieron por doña Ignacia que Remo había vendido “su invento” de la Rosa de Cobre a una compañía electrotécnica.

Como esa gente además de bruta era ingenua ―no sabiendo a ciencia cierta en qué consistía la meditación, pero impresionada por la oscuridad del cuarto en el que se recluía Erdosain―, cuando pasaban frente a la pieza lo hacían con tanto recogimiento como si allí se albergara un enfermo. Erdosain fomentaba este respeto almorzando y cenando en su habitación, y cuando en el comedor los pensionistas le preguntaban a doña Ignacia qué es lo que hacía Erdosain, ésta respondía con gesto lleno de misterio, bajando la voz:


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker