Los Lanzallamas
Los Lanzallamas —No, son mentiras. ¡Ah! FÃjese que mientras conversaba con usted se me ocurrió este proyecto: ofrecerle cinco mil pesos por su silencio, hacerle firmar un recibo en el cual usted, Hipólita, reconocÃa haber recibido esa suma para no denunciar mi crimen, presentarle luego a Barsut, con ese documento inofensivo para mÃ, pero peligrosÃsimo para usted, ya que con él yo podÃa hacerla a usted encarcelar, convertirla en mi esclava; mas usted me ha dado la sensación de que es mi amiga… DÃgame, ¿quiere ayudarme?
Ella, que caminaba mirando el pasto, levantó la cabeza:
—¿Y usted creerá en m�
—En los únicos que creo es en los que no tienen nada que perder ―habÃan llegado ahora frente a la gradinata guarnecida de palmeras. El Astrólogo dijo—. ¿Quiere entrar?