Los Lanzallamas
Los Lanzallamas El Sordo, que no lo escucha porque Emilio vomita su mal humor para sà mismo, salta a otra pregunta:
—¿Qué hora es?
—Laz diez deben zer, máz o menoz.
—Parece que va a llover.
Emilio estalla indignado, y le vocifera en una oreja:
—¿Cómo queréz que llueva, grandÃzimo bellaco, zi el zielo eztá máz limpio que tuz ojoz?
El Sordo protesta:
—Si se ve todo oscuro.
—¿Tenéz mierda en la cabeza, voz? ¿Queréz ver todo del color de la leche con ezaz antiparraz que te echaztez? ¡Qué zordo máz taimado ézte! Ufa, maldito el dÃa que te acompañé. Nunca he vizto hombre máz indizcreto que voz.
Se detienen frente a las puertas de las casas que presumen habitadas por gente sencilla. En un conventillo les dan un paquete de comida. Se apartan, y Emilio estalla:
—¿Qué ze habrán penzado ezas porquerÃas? ¿Que uno eztá muerto de hambre, o que tiene criadero de zerdoz?