Los Lanzallamas
Los Lanzallamas —Mirá… como me digaz otra vez lo mizmo te planto en medio de la calle, llamo a un vigilante, y le digo: “Vea… ezte zordo bellaco eztá eztafando a la genteâ€. ¿Qué te penzazte voz? ¿Que te eztoy robando? Me traez como a un probrecito por eztaz callez de Dioz, y todavÃa me cueztionáz. ¿No tenéz vergüenza? Todo lo que zacamoz te lo jugáz a laz carreraz. Y laz chicaz en caza, pazando mizeria. Zoz un mal hijo y peor hombre. Lo único que zabéz ez imaginar bellaquerÃaz. Zoz un taimado, ezo ez lo que zoz.
Ruge irónico el Sordo:
—Tachi, tachi, svergoñato.81
—Y de yapa zoz un zÃnico. Lo imitaz al italiano enfermo. Pero a voz también ze te va a convertir en zacaroza la sangre. ReÃte no máz… vaz a ver… al freÃr zerá el reÃr.
RÃgido, el Sordo camina en silencio, con empaque de mulo. Agobiado, triste, Emilio.
—¿SeguÃs por la calle del itinerario?
—Bendito zea Dioz… Parezéz un general de brigada. Eztoy zeco con tu plan. Claro que vamoz…
—Es que en el itinerario hay una plaza. TodavÃa no hemos llegado.
—¿Qué culpa tengo yo? ¿Queréz que te inztale la plaza aquÃ, en medio de la caye?