Los Lanzallamas
Los Lanzallamas —De paso podrÃamos llevar una escopeta, un galgo y un aparato de radio. La música distrae mucho en la soledad de las montañas.
Ergueta se volvió, indignado:
—Perro asqueroso… ¿de quién te estás burlando? Yo iré a las montañas, pero no a convivir con un farsante. No llevaremos nada más que gallinas, y el único cerdo que hociqueará allà serás vos.
Bromberg respiró aliviado. Después de observar una nuez de plata flotando en la horqueta de un árbol, se humedeció los labios con la punta de la lengua:
—Cierto… Me estoy burlando de su conducta santa. ¿Y sabe por qué lo hago? Porque tengo un corazón vil, y quiero constatar si no es usted un vulgar embaucador.