Los Lanzallamas
Los Lanzallamas —Mà conducta no es santa, ni nada que se parezca. ¿Quién te dijo que soy un santo? He pecado abundantemente, nada más. Luego Dios me llamó a su camino, y creyeron que estaba loco. Cierto es que mis procederes semejaban a un demente… Mas ¿cómo no asombrarse, frente a los prodigios de que fui testigo? ¿Te crees que estoy loco porque he regalado mis bienes a mi esposa, que puede estar a diez pasos de aquà durmiendo con otro hombre? No, imbécil. Ella es la Ramera bÃblica, la Coja que aparece en los tiempos de tribulación. Le regalé mi fortuna para que se hundiera o para que se salvara. ¿Qué me importa a mÃ? Soy un discÃpulo de Cristo crucificado. Saldré mañana o pasado a pedir limosna por los caminos, como salió el Buda, que era hijo de reyes, y Jesús, que fue hijo de menestrales. ¿Te das cuenta? Me pondré un blusón y alpargatas, e iré por los caminos a predicar la vecindad de los dÃas de sangre. Porque vienen tiempos terribles, judÃo cÃnico.