Los Lanzallamas
Los Lanzallamas —Pensé matarme; muchos monstruos trabajaron en mi cerebro dÃas y noches; luego las tinieblas pasaron y entré en el camino que no tiene fin.
—Es inhumano —murmuró Hipólita.
—SÃ, ya sé. Usted tiene la sensación de que ha entrado en el infierno… Piense en la calle durante un minuto. Mire, aquà es campo; piense en las ciudades, kilómetros de fachadas de casas; la desafÃo a que usted se vaya de aquà sin prometerme que me ayudará. Cuando un hombre o una mujer comprenden que deben destinar su vida al cumplimiento de una nueva verdad, es inútil que traten de resistirse a ellos mismos. Solo hay que tener fuerzas para sacrificarse. ¿O usted cree que los santos pertenecen al pasado? No… no. Hay muchos santos ocultos hoy. Y quizá más grandes, más espirituales que los terribles santos antiguos. Aquellos esperaban un premio divino… y estos, ni en el cielo de Dios pueden creer.
—¿Y usted?