Los Lanzallamas
Los Lanzallamas Millares de sucesos se entrechocaban en su mente, los ángulos reverberaban luces de fantasmagoría, su alma desviada en una dirección vive en un minuto largas existencias, de modo que cuando regresa de ese viaje lejano le causa terror encontrarse aún dentro de la hora en que ha partido. “Mi día no era un día”, dijo más tarde. “He vivido horas que equivalían a años; tan largas en sucesos, que era joven a la partida y regresaba envejecido con la experiencia de los sucesos ocurridos en un minuto-siglo de reloj”.
“Con mi pensamiento se podría escribir una historia tan larga como la de la humanidad”, decía otra vez. “Más larga aún”.
“No sé si existo o no”, escribió en su libreta. “Sé que vivo sumergido en el fondo de una desesperación que no tiene puestas de sol, y que es como si me encontrara bajo una bóveda, sobre la cual se apoya el océano”.
A instantes, Erdosain piensa en la fuga. Irse. Pero a medida que las horas pasan, como un fuego que flota sobre la descomposición del pantano que lo alimenta, el sufrimiento de Erdosain interroga:
—Irse… ¿Pero adónde?
―Más lejos todavía.