Los Lanzallamas
Los Lanzallamas Una piedad enorme surge en Erdosain por su carne. Si él pudiera convencer a esa forma fÃsica que constituye su cuerpo que no hay más “lejos†en la tierra ni en los cielos…; pero es inútil, es su carne la que clama despacio: más lejos todavÃa. ¿Adónde? Cierra los ojos y repite: “¿Adónde te podrÃa llevar? Donde vayas irá contigo la desesperación. Sufrirás y dirás como ahora: «Más lejos todavÃa», y no hay más lejos sobre la tierra. El más lejos no existe. No existió nunca. Verás tristeza adonde vayasâ€.
Las manos de Erdosain caen sobre sus ingles. El rostro se le enrigidece; la espalda se le endurece; permanece asÃ, con los párpados caÃdos y pesados como si lo petrificara su angustia. Un “yo†maligno le dice:
—Aun cuando bailaran las más hermosas mujeres de la tierra en torno tuyo, aun cuando todos los hombres se arrodillaran a tus pies, y los bufones y aduladores saltaran, danzando volteretas frente a ti, estarÃas tan triste como lo estás ahora, pobre carne. Aun cuando fueras Emperador. El Emperador Erdosain.