De sangre y cenizas
De sangre y cenizas Las calles de Masadonia eran un caos. Los gritos de los ciudadanos se mezclaban con los rugidos de las criaturas que se habían infiltrado. Pero Poppy no era la Doncella escondida detrás de un velo. Era una guerrera, y con cada golpe de su daga, reclamaba su lugar en esta lucha.
—¡Poppy! —gritó Hawke mientras luchaban hombro con hombro contra una horda de criaturas.
—¡Sigo aquí! —respondió ella, su voz cortando a través del ruido.
Finalmente, llegaron al centro del caos: una grieta en el Adarve, desde donde las sombras se filtraban como un río negro. Hawke intentó detenerla, pero Poppy avanzó hacia la grieta, su daga brillando con determinación.
—No puedes hacer esto sola —le dijo él, desesperado.
Ella lo miró, con una mezcla de agradecimiento y resolución. —No estoy sola.
Con un grito de guerra, Poppy se lanzó hacia la grieta, enfrentándose cara a cara con las sombras que amenazaban con devorar todo lo que amaba. Cada golpe de su daga era una declaración: ya no era una Doncella. Era algo más.