De sobremesa
De sobremesa »Regularice usted su vida y déle una dirección precisa y sencilla —continuó después de otro largo silencio, en que me pareció leer cierta simpatía en la fría mirada de sus ojos—. Lo primero que debe hacer es distraerse, forzándose a alternar sus estudios con diversiones, nobles si usted las prefiere así; frecuente los teatros y los conciertos; tendría mucho gusto en llevarlo a casa de uno de mis mejores amigos donde se toca excelente música de los viejos maestros alemanes y donde encontraría usted buena compañía. Devuélvales a las necesidades sexuales su papel de necesidades por más que le repugne y no mezcle usted sus sensaciones de ese orden con sentimentalismos ni con emociones estéticas que lo exalten; esto mientras encuentre usted a la joven a quien ama y se case usted con ella para normalizar en la vida marital los impulsos de su instinto.