De sobremesa
De sobremesa Poco más había adelantado con la conversación que tuve con él y que acabó con aquella frase evocatoria de las charreteras de fácil adquisición en nuestras repúblicas latinoamericanas. Contóme en ella la campaña hecha por ambos, él como Coronel, Scilly Dancourt como Capitán en la quinta división del ejército mandado por el General de Tailly, las marchas y contramarchas, las indecisiones y los desaciertos de la funesta campaña; me pintó al pobre Emperador átono y decaído, sumido en la incertidumbre y en el silencio; puso por las cumbres a Trochu que, al decir suyo, habría salvado a Francia si hubiera realizado sus planes; llamó imbéciles a Rouher, a Montauban y a Chevreau; insultó a Bazaine, glorificó a Mac Mahon; me describió a gritos y con voces técnicas las batallas de Saint Privat, de Wissenbourg y de Froeschwiller, y el aire de mortal tristeza y de embrutecimiento de Napoleón al ver entrar sucesivamente a la Prefectura de Sedán a Ducrot, a Douay luego, a Lebrun después; el diálogo brutal entre Ducrot y Wimpfen y la salida de éste a parlamentar con el enemigo.