El secreto del exito
El secreto del exito Esa infernal pregunta «¿para qué?» parece que fue inventada por algún pesimista príncipe de las tinieblas a fin de que desanime a quienes luchan desesperanzadamente o tienen esperanzas que parecen difíciles de lograr. Esta pregunta ha derribado a muchos hombres llevándolos al fracaso. Cuando surja échala de tu mente y sustitúyela por: «¿Estoy dando lo mejor de mí?», sabiendo que una respuesta afirmativa zanja también la otra pregunta. Todo es «para algo» si su espíritu es el correcto, siempre que sea una causa justa y que nuestro propio ser desee seguirla. Incluso si uno encuentra la muerte en el proceso, sigue siendo un éxito. Escucha esta historia, incluida en un reciente artículo. Se trata de un marino en el naufragio de un barco alemán que a principios de 1901chocó contra unas rocas en la costa canadiense. El barco se incendió tras chocar contra un arrecife a unos 200 metros de la costa. En aquel punto la costa era un muro vertical de más de cien metros de alto. Al clarear la mañana los pescadores desde la costa vieron que todos los botes del barco habían desaparecido, así como toda la tripulación y los oficiales, salvo tres hombres. Dos de ellos estaban sobre el puente mientras el tercero estaba en el mástil amarrado a los aparejos. Luego los que observaban desde la costa vieron cómo una enorme ola golpeaba el barco, barriendo el puente y a los dos hombres que estaban sobre él. Varias horas después vieron como el hombre amarrado en el poste se desataba y golpeaba su cuerpo vigorosamente con las palmas de las manos. Evidentemente trataba de reactivar la circulación, la cual se había detenido casi totalmente por la presión de las cuerdas y por la temperatura extremadamente baja. Seguidamente el hombre se quitó su prenda de abrigo, saludó a los pescadores que se hallaban en la cima del acantilado y se echó al mar. El primer pensamiento de éstos fue que el hombre había abandonado y se suicidaba, pero no era ese tipo de persona. Al contrario, nadó hacia la costa y al llegar a ella hizo tres intentos de echar pie en las rocas que había en la base del acantilado. Pero fracasó. Las tres veces fue barrido por las olas, hasta que finalmente, viendo la inutilidad de sus esfuerzos, nadó de nuevo hacia el barco. El narrador continuaba: «En un momento así 99 de cada 100 hombres habrían abandonado, dejándose morir, pero aquel hombre no era de los que abandonan».