El secreto del exito
El secreto del exito Toda persona posee una singularidad latente, pero muy pocos le permiten expresarse. La mayoría de nosotros somos como reses que caminan complacidas tras la que lleva el cencerro, cuyo sonido guía nuestros pasos. Pensamos, de alguna forma, que quien lleva el cencerro posee el conocimiento, el poder y la capacidad de pensar, y en lugar de desarrollar nuestros propios poderes aletargados, nuestras posibilidades latentes, dejamos que permanezcan en la oscuridad mientras andamos mansamente tras aquel que lleva la campana. En este sentido el ser humano se parece mucho a estos animales. Preferimos obedecer e imitar antes que asumir la responsabilidad de dirigir nuestros propios pasos. Esperamos que alguien nos guíe y luego salimos todos en estampida tras él. ¿Es de extrañar que esos líderes reclamen para sí mismos lo que consideran más sustancioso, dejando que la manada se contente con la hierba medio seca? En absoluto, pues precisamente por su singularidad e iniciativa, sus seguidores les han otorgado el privilegio de elegir. De hecho se les elige como líderes por esa cualidad de autoafirmación y asertividad. Si en lugar de ello se hubieran mostrado modestos y educados, la manada los habría hecho a un lado sin reconocerlos como líderes, yendo a buscar a otros que sepan cómo estar al frente.