La ley de la atraccion en el mundo del pensamiento
La ley de la atraccion en el mundo del pensamiento El problema es que no queremos que nada acabe obligándonos a ejercer nuestra fuerza de voluntad. No queremos esforzarnos. Somos mentalmente perezosos y de deseo débil. Si no te gusta la palabra «deseo», sustitúyela por «aspiración» (algunas personas llaman deseos a los impulsos inferiores, y aspiraciones a los superiores; es cuestión de palabras, así que elige la que prefieras). Ahí es donde radica el problema. Deja a una persona en peligro de perder su vida —o que una mujer esté a punto de perder un gran amor— y presenciarás una sorprendente exhibición de fuerza de voluntad procedente de una fuente inesperada. Deja que el hijo de una mujer se vea amenazado por algún peligro y verás cómo ella manifiesta un grado de coraje y voluntad que barre con todo lo que se le ponga por delante. Y no obstante, esa misma mujer gemirá ante un marido dominante y carecerá de la voluntad de realizar una tarea simple. Un chico hará todo tipo de tareas si las considera un juego, pero apenas podrá obligarse a cortar un poco de leña. Una fuerte voluntad sigue la estela de un deseo intenso. Si realmente quieres hacer algo, por lo general deberás desarrollar la fuerza de voluntad para conseguirlo.