Amor y amistad
Amor y amistad En ese momento, el discurso de mi padre se vio interrumpido por un tremendo segundo golpe, que de algún modo nos asustó a mi madre y a mÃ.
—¿No harÃamos mejor en ir a ver quién es? —dijo ella—. Los criados han salido.
—Creo que harÃamos bien —repliqué yo.
—Sin duda —añadió mi padre—. En todos los sentidos.
—¿Vamos ya? —dijo mi madre.
—Cuanto antes mejor —contestó él.
—¡Oh, no perdamos más tiempo! —exclamé yo.
En ese momento, nuestros oÃdos se vieron asaltados por un tercer golpe más violento aún que los precedentes.
—Estoy segura de que alguien llama a la puerta —dijo mi madre—. SÃ, debe de ser eso —replicó mi padre.
—Creo que los criados han vuelto —dije yo—. Me parece escuchar a Mary que se dirige hacia la puerta.
—Me alegro —exclamó mi padre—, porque tengo muchas ganas de saber de quién se trata.
Mi suposición habÃa sido correcta, porque Mary entró inmediatamente en la habitación y nos informó de que un joven caballero y su criado se encontraban ante la puerta; se habÃan perdido, tenÃan mucho frÃo y rogaban que se les permitiera calentarse junto al fuego.
—¿No vas a permitirles entrar? —dije yo.