Amor y amistad
Amor y amistad —Mi padre —continuó diciendo— es un miserable canalla y un mercenario. Solo puedo traicionar de este modo sus flaquezas ante personas tan queridas como las que aquà se congregan. Sus virtudes, mi estimado Polidoro —dijo dirigiéndose a mi padre—; las suyas, querida Claudia, y las suyas, mi encantadora Laura, hacen que les entregue asà mi confianza —hicimos una inclinación de cabeza—. Mi madre, seducido por el falso brillo de la fortuna y la delusoria pompa de un tÃtulo, insistió en ofrecer mi mano a Lady Dorothea. No, nunca, exclamé yo. Lady Dorothea es agraciada y cautivadora; no hay mujer que yo prefiera a ella; pero sepa usted, sir, que rehúso a casarme con ella por acceder a sus deseos. No, nunca podrá decirse que complacà los deseos de mi padre.
La masculinidad de su respuesta provocó nuestra admiración. El joven siguió hablando:
—Sir Edward quedó muy sorprendido. Quizá no esperaba encontrarse con una oposición tan decidida a su voluntad.
»¡Por todos los santos, Edward! ¿Dé dónde has sacado tantas ridÃculas monsergas? Sospecho que te has dedicado al estudio de novelas.
»Yo me negué a contestar: eso estaba por debajo de mi dignidad. Monté mi caballo y, seguido por mi fiel William, me dirigà a casa de mi tÃa.